A primera hora de la mañana podemos tener la obra bastante controlada. Sabemos qué cuadrillas van a trabajar, dónde estarán las máquinas, qué zonas estarán cerradas, qué materiales van a llegar y qué trabajos están previstos. Pero la obra que empieza a las siete y media casi nunca es la misma que tenemos delante a las once.
Durante la jornada empiezan los cambios. Un camión llega antes de lo previsto, una máquina tiene que entrar en una zona ocupada, una cuadrilla termina su trabajo y se desplaza a otro punto, hay que retirar una protección durante unos minutos para introducir material o simplemente aparece uno de esos problemas que nadie tenía apuntado en la planificación. Todo esto es completamente normal. Una obra se mueve continuamente.
El problema aparece cuando modificamos el trabajo pero seguimos pensando en la seguridad como si nada hubiera cambiado. Durante muchos años he visto cómo pequeñas decisiones tomadas para solucionar problemas de producción terminaban modificando las condiciones de trabajo de otras personas. Normalmente no ocurre porque alguien quiera trabajar de forma insegura. Ocurre porque estamos pendientes de sacar adelante la obra.
Hay que mover esa máquina, meter ese material, abrir un acceso, mandar dos trabajadores a terminar otro tajo o recuperar el tiempo perdido. Y precisamente en ese momento conviene introducir una pregunta muy sencilla:
No parece gran cosa, pero cambia la forma de mirar una decisión.
Antes de mover a alguien, pensar dónde lo estamos metiendo
Imaginemos una situación corriente. Una cuadrilla termina antes de lo previsto y necesitamos aprovecharla en otro punto de la obra. Desde el punto de vista de producción la decisión parece sencilla: “iros allí y empezad con aquello”.
Pero quizá esa zona estaba vacía cuando comenzó la jornada y ahora hay otra empresa trabajando allí. Puede haber una plataforma elevadora, materiales ocupando el acceso, trabajos por encima o una protección que ha sido retirada temporalmente. La pregunta no debería ser únicamente si pueden empezar. También deberíamos preguntarnos si estarán trabajando seguros cuando lleguen allí.
Eso obliga al encargado a mirar la zona antes de enviar a la gente, comprobar qué ha cambiado y valorar si las condiciones siguen siendo adecuadas. Muchas veces serán treinta segundos, pero esos treinta segundos pueden descubrir algo que desde otro punto de la obra no habíamos visto.
Cuando entra una máquina, no solo cambia el recorrido de la máquina
Otro ejemplo muy habitual es la maquinaria. Tenemos trabajadores desarrollando normalmente su actividad y de repente necesitamos meter una excavadora, una plataforma, una grúa móvil, una manipuladora telescópica o simplemente un vehículo para descargar material.
La tendencia natural es pensar cómo conseguiremos meterla y cuánto tardará. Pero la entrada de esa máquina puede cambiar los riesgos de todos los que trabajan alrededor. Conviene mirar si hay personas dentro de su radio de acción, si el acceso que utilizaban los trabajadores sigue siendo válido, si hay alguien trabajando al otro lado de la zona de maniobra o si la visibilidad es suficiente.
La pregunta vuelve a ser la misma: ¿estarán trabajando seguros después de introducir este cambio? No estamos creando burocracia nueva. Estamos obligándonos a mirar las consecuencias de una decisión antes de ejecutarla.
Las protecciones “solo cinco minutos”
Probablemente sea una de las situaciones más conocidas en cualquier obra. Hay una protección que molesta para introducir material, hormigonar, montar una pieza o realizar otro trabajo. “Quitamos esto cinco minutos y después lo ponemos”. Muchas veces se vuelve a colocar. Otras veces esos cinco minutos se convierten en media hora porque aparece otro problema.
Mientras tanto, alguien que no estaba cuando se retiró la protección puede llegar a esa zona y encontrarse unas condiciones diferentes de las que esperaba. El problema no siempre está en retirar temporalmente una protección cuando el trabajo lo necesita. El problema está en hacerlo sin pensar qué ocurre alrededor mientras esa protección no está.
Antes de continuar conviene saber quién puede entrar, quién conoce que la protección se ha retirado, si podemos aislar la zona y quién se asegurará de volver a colocarla. De nuevo, la misma pregunta ayuda a mirar el cambio desde la seguridad: ¿estarán trabajando seguros?
El encargado está donde ocurren los cambios
En una obra intervienen técnicos de prevención, coordinadores de seguridad, jefes de obra, encargados, subcontratas y trabajadores. Cada uno tiene sus responsabilidades. Pero el encargado tiene una característica particular: normalmente está muy cerca de donde las condiciones cambian durante la jornada.
Es quien recibe muchas de las llamadas, reorganiza cuadrillas, decide qué trabajo puede empezar mientras otro termina, ve que una entrega ha llegado antes o descubre que el espacio que pensábamos utilizar ya está ocupado. Por eso creo que una parte importante de su trabajo consiste en desarrollar esa capacidad de detenerse unos segundos antes de modificar la situación.
No hace falta convertir cada decisión en una reunión. Se trata de incorporar una pequeña comprobación mental: ha cambiado algo, ¿a quién afecta?, ¿qué riesgo nuevo puede aparecer?, ¿estarán trabajando seguros?
Y después actuar si hace falta. Puede ser separar dos trabajos durante veinte minutos, recuperar una protección, cambiar el acceso de una cuadrilla, esperar antes de introducir una máquina o simplemente avisar a las personas que están trabajando alrededor. En muchas ocasiones la solución será sencilla. Lo importante es detectar la situación antes de que alguien tenga que decir después: “no nos dimos cuenta”.
La seguridad no puede hacerse una sola vez al día
Podemos preparar correctamente un trabajo a primera hora y que ese trabajo deje de estar correctamente preparado unas horas después. No porque se haya hecho mal, sino porque la obra ha cambiado.
Por eso la seguridad no puede ser únicamente algo que revisamos antes de empezar. Tiene que acompañar los cambios que se producen durante la jornada. Quizá esa sea una de las costumbres más útiles que puede desarrollar una persona que dirige trabajos en obra: cada vez que modifica algo, mover también durante unos segundos la cabeza hacia la seguridad.
Una nueva cuadrilla, una máquina, un acceso diferente, un cambio de zona o una protección retirada son movimientos normales de producción. La diferencia está en acostumbrarse a que cada uno de esos movimientos vaya acompañado de la misma pregunta:
Cuando esa pregunta empieza a aparecer de forma natural antes de tomar decisiones, dejamos de reaccionar únicamente cuando vemos un peligro evidente y empezamos a adelantarnos un poco a él.
Y en seguridad, adelantarse suele ser mucho más importante que reaccionar.
La seguridad también forma parte del trabajo del encargado
En 4 Claves de un Encargado de Obras, el compromiso con la seguridad es uno de los cuatro pilares de la dirección de obra, junto con la organización, el conocimiento técnico y el liderazgo.
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